1-¿Cuándo empezó tu travesía en el teatro?
En adolescencia en Puerto Rico. Gracias a un huracán llamado Lila. Pura pasión por el teatro. Luego fui dirigido como actor y a su vez dirigí obras de autor, o busqué la dramaturgia con mi grupo de actores. Ensayo tras ensayo, estuve en la cabina de iluminación obsesionando a mi iluminadora con mi ansia de perfección. Hice muestras con alumnos a los que exigía -como en mis inicios- el compromiso de un profesional. La impronta Lila, huracán teatral puertorriqueño, siempre ha estado en mí.
2- ¿Estás inmerso actualmente en algún proyecto teatral?
Por suerte sí. Como director. La obra “Las ultimas tardes de Manuela” del colombiano José Manuel Freidel que el actor argentino Oscar Spínola Macchi adaptó para desplegar en un unipersonal. Los personajes de un actor obsesionado por el sueño inconcluso de Bolívar, una Manuela Sáenz delirando amor y lucha por su Libertador. En pugna con la muerte que ya la punza y un Bolívar acuciado por sus dilemas y frustraciones, general en su laberinto. Disfruto mucho los ensayos pues con el actor vamos explorando y tejiendo el espectáculo conforme nos va atravesando, y queremos atravesar este momento de estímulo y renacimiento latinoamericano.
“Las tardes de Manuela” se estrenará en un par de meses en Chiclayo, y tenemos la intención de llevarla a otras ciudades del Perú, y ojala también, de Suramérica.
3.- ¿Qué opinas de la actual situación teatral en Argentina?
A fines del 2001 Argentina atravesaba una de sus tantas peores crisis. En medio de esta crisis ensayábamos una obra sobre Chéjov y sus criaturas reales y ficcionales en un sótano del Teatro Payro en Buenos Aires. Y muchos otros actores y grupos hacían lo mismo en medio de un caos degenerativo. La búsqueda artística como refugio y salvación. Luego vino la eclosión. Cientos de talleres, espectáculos, proyectos. Hay una gran libertad creativa, no solo en la temática, sino también en las formas y métodos para abordar la actuación, la dramaturgia. Mucha exploración e interdisciplina. Seminarios, talleres de todo tipo, frecuentes premiaciones, festivales, subsidios, un teatro municipal con alto nivel de calidad y varias producciones anuales. En la página web Alternativa Teatral se puede testimoniar esta eclosión, decenas de grupos buscando actores, directores, escenógrafos, etc, para sus proyectos.
4.- ¿Cuál es tu apreciación del teatro en el Perú?
Me encanta ver por las calles de Lima la cantidad de enormes afiches anunciando obras de teatro de todo tipo: musicales, comedias, obras de autor. Resurgimiento sería la palabra. Muy buenos actores y directores. Excelentes dramaturgos jóvenes. Siempre admiré al grupo Yuyachkani, y quede “flasheado” (como se dice en Argentina) y sus puestas en escena. De hecho, una de ellas me inspiró para una obra que hice en la Argentina por su escenografía en plataformas en movimiento. Pero ahora, aparte de ellos, surge un fuerte movimiento variado que se afianza.
5.- ¿Qué puntos de conexión encuentras entre el teatro y la poesía?
El juego. La metáfora. La palabra ritualizada, buscando otros significados, otros contextos, otras formas, sonidos, otras voces. Explorar la escenificación o representación de nuestros sueños, temores, amores, frustraciones, que tanto en la poesía como en el teatro adquieren formas y significaciones nuevas. Poesía y teatro son almas que buscan corporizarse, escenificación de un juego, transformación, espejo roto en cientos de fragmentos devolviendo reflejos nuevos. Por eso me fascinó, y agradezco la posibilidad que me dieron de participar como actor en dos encuentros de poesía (“Fiesta del Diantre” y “O Sole Diantre”). También por eso me encantaría coordinar alguna vez un taller de teatro para poetas, estimularlos a encontrar las voces y personajes que ponen en juego al trabajar sus poéticas. Y a su vez, poner su poética en juego escénico, con el lenguaje teatral.
6.- ¿Qué consideras que el teatro le ha otorgado a tu vida?
El placer de sentir la planta de mis pies sobre un escenario. El tener que trabajar, a veces duramente, mi cuerpo, mi voz, mis emociones, mis zonas más y menos facilitadas, mis temores, mis ansiedades, a fin de calibrar mi actor en el escenario. El ir tejiendo con los actores y alumnos me dirige a una poética gestual, tratar de entender sus cuerpos y sus tendencias y ayudarlos a expresar lo que quieren o lo que se busca. Los minutos previos a salir al escenario, en los que busco calibrarme a través de pequeños rituales. Los viajes en los que me embarco con cada personaje nuevo, cada proyecto nuevo, nuevo mundo de búsquedas que se abre frente a mí, un renacer continuo. Y sobretodo ganas de vibrar y de vivir, que no han cesado desde aquel primer huracán puertorriqueño.
7.- ¿Cómo artista cuál es tu evaluación de la movida cultural de Chiclayo?
Confieso que a primer vistazo Chiclayo se me aparece como una ciudad puramente comercial, desordenada, ruidosa, y con poca conciencia cívica, incluso para elegir sus autoridades. Pero al establecerme aquí me asombra la calidad, compromiso y eficacia de un grupo de teatro como “La Estación” (vi dos de sus puestas: La Cisura de Silvio y Paralelos Secantes, que me asombraron), o de una puesta en escena como la que vi en el INC hace dos años de “Esperando a Godot”. Me asombra la capacidad de juego, exploración y apertura a nuevas búsquedas en el lenguaje de sus poetas y poetisas, la calidad y calidez de los encuentros de poesía. Me asombra la convicción de jóvenes como Lady Vinces Cruz que a través de varias charlas me contagió su amor por la producción artesanal y su decisión de elevarla a la categoría de arte. Me asombra la excelente oferta cinematográfica del cineclub del INC que todos los jueves y viernes trae a Chiclayo desde ciclos de cine de autor hasta ciclos documentales producidos en las escuelas de cine locales. He visto hermosas esculturas, grabados, dibujos en Chiclayo. He encontrado un profesor de canto excelente aquí (Jonathan Leyton Noblecilla). O sea: hay mucho talento y convicción de búsqueda en Chiclayo. Lo que falta, es mayor difusión. Para que los movimientos artísticos se integren a todo nivel. Quizás incluso una escuela que englobe a todas las disciplinas (como el IUNA en Buenos Aires), un fuerte festival de teatro local, una sinfónica, galerías de arte. También que diseñadores gráficos le den a Chiclayo una nueva marca ciudad, que refleje el talento, las búsquedas, las migraciones y transformaciones que la ciudad atraviesa. Quizás alguna que venga del grafitti como aquella que llevó tanto turismo a España, o la marca Perú que transforma afuera y adentro del Perú la imagen país. El leit motif “Ciudad de la Amistad” me parece ya obsoleto y poco estimulante, vacio.
8.- ¿Crees que las personas somos parte de una historia teatral permanente?
Ensayando el espectáculo Manuela-Bolívar un día se me apareció esta frase: “toda vida es una Gesta”. Más allá de que algunas gestas sean más o menos públicas. Cada vida tiene sus anhelos, deseos, decisiones, mundo consciente e inconsciente, sus momentos cruciales y de cambio, sus épocas de estancamiento, y de página en blanco. Toda vida intenta tener una imagen de si misma, una proyección, resuelve o no sus conflictos, consigo mismo y con los otros. Teatralizar nuestra vidas es “escenificarla”, ponerla en juego, transformarla, redirigirla. Dejar paso libre a lo aparentemente ficcional que hay en nuestros sueños, y a veces en nuestros deseos, contra la corriente. Por otro lado las expresiones artísticas, las formas del lenguaje, de intercambio, de expresión, van atravesando cambios a través del tiempo, cambios de los que somos protagonistas, y portadores, a veces sin darnos cuenta.
Fluir en la vida, en las manifestaciones artísticas que elijamos, abrirnos y transformarnos. Ser siempre un libro abierto, con páginas en blanco. Nunca un libro cerrado y empeñado en repetirse a si mismo.
Nota
La entrevista salió publicada el domingo 18 de marzo de 2012 en el Suplemento Dominical del Diario La Industria de Chiclayo.
Con Pablo Tur en "O Sole Mio! capturados por el lente de nuestra amiga Olga Escurra.